Un odontólogo y una empresa de medicina prepaga tendrán que indemnizar a un paciente por las graves secuelas permanentes que sufrió luego de una cirugía para extraer dos muelas de juicio. Tras la intervención, el hombre perdió completamente la sensibilidad en la mitad derecha de la lengua, dejó de percibir el gusto, la temperatura y el dolor en esa zona, y con el tiempo desarrolló otras complicaciones derivadas de la lesión nerviosa.
Qué pasó en la operación
En enero de 2020 el paciente se sometió a una cirugía para extraer los terceros molares derechos superior e inferior. Al regresar a su casa, advirtió la falta total de sensibilidad en la hemilengua derecha y en el piso de la boca. Según sostuvo, esa situación se produjo como consecuencia de una lesión del nervio lingual derecho durante la extracción de la pieza inferior o al momento de la aplicación de la anestesia.
Ante la persistencia del cuadro, consultó a otros especialistas, quienes coincidieron en que la lesión tenía carácter permanente. Meses después, una neurografía por resonancia magnética confirmó una axonotmesis del nervio lingual derecho. Además, el paciente debió someterse a un tratamiento con láser que no logró revertir el daño.
La demanda también describió que, como consecuencia de la lesión, sufrió intensos dolores, desarrolló una hipertrofia en una glándula submandibular y actualmente presenta ausencia total de sensibilidad al tacto, al dolor y a la temperatura, pérdida del gusto del lado afectado y pinchazos permanentes provocados por un neuroma generado en el nervio lesionado.
La condena; conducta negligente
En primera instancia, el juez condenó al odontólogo, a la prepaga y a la aseguradora a pagar una indemnización de $15,1 millones al considerar que el profesional había omitido derivar al paciente a un neurólogo, frustrando así una chance de recuperación.
La Cámara confirmó la condena, aunque modificó sus fundamentos. Los jueces concluyeron que el profesional incurrió en una conducta negligente al no ordenar estudios complementarios previos a la cirugía, en especial una tomografía axial computada, que hubiera permitido localizar con mayor precisión el nervio lingual y adoptar mayores recaudos durante la intervención.
La perita odontóloga explicó que, si bien la lesión del nervio lingual es una complicación conocida en este tipo de procedimientos, en el caso concreto era necesario realizar una evaluación más exhaustiva antes de la cirugía mediante una tomografía. Además, sostuvo que ese estudio permite visualizar el nervio y planificar mejor la intervención.
“La perita fue clara al establecer que en el caso, de acuerdo a las características particulares del paciente, se debería haber realizado una evaluación más extensa de forma previa a la intervención quirúrgica”, sostuvo el tribunal.
Finalmente, la decisión judicial concluyó que la omisión de esos estudios constituyó un “obrar culpable” del odontólogo y comprometió también la responsabilidad de la prepaga por no haber brindado un servicio médico diligente. La decisión fue de la Sala A de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil
