Cuando los investigadores llegaron a la vivienda, un lugar tapiado, oscuro y casi abandonado, se encontraron con un menor trabajando en una máquina textil.

La víctima explicó que el taller era de los tíos, donde lo “tenían encerrado y no lo dejaban salir”. Sus dichos fueron ratificados y ampliados en la entrevista que mantuvo con personal del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento de Damnificados del Delito de Trata y en su declaración ante la justicia.

El relato es dramático. El joven, ahora mayor, ingresó al país en abril de 2018. Lo trajeron desde Bolivia. Sus “tíos” lo hacían trabajar sin descanso durante más de 15 horas bajo llave. Le decían que el encierro era para evitar que consumiera droga.

Le daban prendas para realizar terminaciones y tras finalizar el día debía haber alcanzado “la cuota” o era “regañado”. Expresó por ejemplo que el día del procedimiento debía realizar la terminación de 250 jeans.

El pago mensual era de 4500 pesos que le eran cambiados a dólares y guardados por su tío “O”.

En su declaración dijo que nunca le dieron las llaves del lugar, que sólo podía salir si sus tíos estaban presentes, que “la comida se compraba el día anterior, dejándole lo justo para el almuerzo, que sus actividades laborales eran coordinadas por “O.” y “M.” y que “M. E.” era la que le entregaba el pago”.

Si bien no tenía horario fijo laboral, por lo general abarcaba desde las 7.30 hasta las 22.30, sin posibilidad de descanso durante la tarde.

La causa fue acumulando pruebas, y fue determinante la declaración de un agente de la Dirección de Protección del Trabajo del Gobierno de la Ciudad de  Buenos Aires, que ingresó al lugar el día del allanamiento.

“Entramos al lugar después de la policía, tuve la posibilidad de hablar con el menor que me dijo que estaba encerrado, que no poseía llave…Me dijo que  vivía con el tío y trabajaba para él; y que además estaba incomunicado, ya que si bien tenía un celular, lo tenía sin crédito…Esta propiedad tenía las ventanas tapiadas…no se podían abrir…Cuando entramos, el chico estaba muy asustado…Cuando lo entrevisté, me dijo que estaba trabajando haciendo terminaciones de jeans”.

El testigo relató que en la habitación donde estaba el menor había mercaderías…”Me dijo que su madre no estaba al tanto de las condiciones en las que estaba trabajando y que él estando en Bolivia tampoco le dijeron que esas serían las condiciones de trabajo…El domicilio en el que se encontraba este chico fue clausurado por faltas de higiene y seguridad detectadas”.

Los hechos

La descripción del lugar y lo que ocurrió el día del allanamiento:  “La casa daba al frente tenía una ventana como tapiada y la puerta cerrada, por lo que daba la impresión de que estaba deshabitada. Para poder ingresar…la policía forzó la puerta que se encontraba cerrada…Por las características del lugar se pensaba que…se encontraba vacía. Cuando ingresamos vimos que del lado izquierdo había una habitación que daba a la ventana que estaba tapeada y cuando la policía logró abrir la puerta notó que ahí había un chico que se encontraba encerrado en la vivienda en situación de trabajo”.

“ Este chico tenía dieciséis años, se encontraba solo en la casa. En donde estaba había máquinas de ojal y botón, y el joven se encontraba allí, haciendo ojales…Cuando me entrevisté con él me dijo que trabajaba en el lugar de 8 a 23 horas, y que el titular lo dejaba encerrado trabajando para que no se vea ni escuchen ruidos desde afuera…En este espacio donde el chico estaba encerrado no había baño ni tenía bebidas y comida”, relató el testigo.

Así, en primera instancia, la jueza María Servini dictó el procesamiento de las tres personas acusadas de la captación y  explotación laboral del menor.

En un momento el damnificado -ya siendo mayor de edad- se presentó ante la fiscalía negando haber estado trabajando por cuenta de los imputados. Se desdijo. Pero los testimonios recabados corroboraron la hipótesis delictiva.

La Cámara Federal confirmó el procesamiento de las tres personas por la explotación laboral del menor y además ratificó el embargo por 100.000 pesos.

“En efecto, las declaraciones recibidas en el último tramo de la causa corroboran suficientemente la situación de encierro y de trabajo en la que fue hallada la víctima -por entonces menor de edad- al efectuarse el allanamiento en el taller textil clandestino”, sostuvieron los camaristas Martín Irurzun y Mariano Llorens.

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